CINE EN LA CASA MUNICIPAL DE CULTURA DE MIRANDA DE EBRO (BURGOS). JUEVES SEÑALADOS, EN SESIONES DE 18:00 y 20:30.
ORGANIZA LA ASOCIACIÓN CULTURAL OTROSOJOS EN COLABORACIÓN CON EL AYUNTAMIENTO DE MIRANDA DE EBRO

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Jueves 10 de Marzo: LOCKE

El próximo jueves, 10 de marzo, proyectamos en la Casa Municipal de Cultura, dentro de la programación “Cine con Otros Ojos”, “Locke", de Steven Knight, en sesiones de 6 y 8:30 de la tarde, con la localidad a 3´50 euros.

Adjuntamos la sinopsis de la película facilitada por la distribuidora, el comentario de Valentín Terrazas que editaremos como ficha, y una reproducción del cartel.

Un abrazo, y hasta el jueves. Asociación Otrosojos.



SINOPSIS DE LA PELICULA:

Ivan Locke es un prestigioso capataz de grandes obras que ha tenido que trabajar muy duro para alcanzar su sueño: llevar una buena vida, con un buen trabajo y una familia que le quiere. Sin embargo, un día, en la víspera de su encargo más importante, recibe una llamada que le empuja a tomar una decisión que quizás eche toda su vida por tierra.












Un verano en Villafranca
            
Hace muchos años, tendría yo cinco o seis, en uno de los meses de verano que pasaba en Villafranca Montes de Oca con mis tíos veterinarios (bueno, el veterinario era él, pero a ella la llamaban reverencialmente “la veterinaria”, como a la mujer del médico “la médica”) asistí por primera vez a una representación teatral. Se trataba, supongo, de una obra tremebunda de Alejandro Casona o de algún otro autor aficionado a fabular dramas ricos en óbitos, preferiblemente culminados por la autoejecución del propio asesino, aplastado por un remordimiento insuperable.
La sesión tuvo lugar en una lonja harto reducida, utilizada también en las jornadas de vacunación antirrábica. Y allí estaba yo, un tanto aterrorizado, viendo desde el primero de los bancos traídos de la iglesia cómo el furibundo padre de una familia desventurada acababa con su sufrimiento descerrajándose un tiro en la cabeza, no sin antes haber mandado al otro mundo a su esposa y a sus dos hijas. Ahora que lo pienso, tendría que haberme puesto sobre aviso el hecho de que estas tres desgraciadas aparentaran idéntica edad, circunstancia a la que por entonces no di mayor importancia, acoquinado por el fragor de los disparos y feliz al fin y al cabo de salir con vida de aquel desbarajuste, del que huí aprovechando el revuelo provocado entre los paisanos por aquel final estrepitoso.
            No sé si alguno más de los espectadores creyó que los cómicos, obedeciendo ciegamente al libreto, habían fallecido de facto. Yo sí, a pies juntillas. Dándole vueltas a lo dura que debía ser la existencia de los artistas, tan efímera como dictase el capricho de los literatos, volví a casa, sin que pudiera pasar un bocado de la cena, tal había sido la impresión. Más tarde, y como todas las noches, acompañé a mi tío al bar, donde tomaba su café de costumbre con el galeno. No conseguía desterrar mis cavilaciones cuando, ¡horror!, veo aparecer por la puerta, fraternalmente acompañado por sus tres víctimas, al suicida vociferante, sin mostrar el menor daño y declamando ahora “¡pónganos cuatro tintos y algo que picar!”.
            Semirrepuesto del susto por las explicaciones de mi pariente y, lo que resultó más humillante, por las risotadas de su amigo y de los resucitados faranduleros, supe entonces que una cosa es el teatro y otra la realidad, por teatral que pueda resultar ésta con frecuencia. Sospeché también que, alcanzara la edad que alcanzase, nunca llegaría a apreciar la dramaturgia. Han pasado casi seis décadas y, si bien he conseguido en muy contadas ocasiones disfrutar de algunas piezas, no soporto las explosiones sentimentales, los cambios de humor arbitrarios ni los aspavientos que pueblan demasiados títulos.
            ¿Pero a qué viene tan prolija exposición de mi trauma?, se preguntará el lector que haya alcanzado este punto de un teórico comentario sobre Locke (Steven Knight, 2013). Pues bien: a que fui a verla con toda la prevención del mundo, advertido como estaba de que se trataba de un diálogo rodado en el interior de un vehículo entre un solo protagonista presente y voces llegadas a través del “manos libres” telefónico. “¡Santodiós!”, me decía yo: teatro llevado al cine; esto es, el cine que no digiero. Estigma al que venía a sumarse ese reto evidente de desarrollar toda la acción en un  minúsculo espacio, lo que parecía ser un “experimento narrativo” propio del otro cine que aborrezco: el supuestamente trasgresor que se impone, a menudo sin otra ambición, sorprender al público en una enésima versión del rey desnudo y los taimados tejedores.
            Entonces, ¿qué pudo arrastrarme frente a la pantalla en que iba a proyectarse Locke, presunto relato teatral presuntamente realizado como un “tour de force”? Pues muy sencillo: el que su protagonista único (bueno, dando réplica a interlocutores invisibles) fuese Tom Hardy, uno de los grandes. Y oigan ustedes, si aún siguen al aparato: no me arrepentí, al punto de haber propuesto esta película para nuestra programación de “Cine con Otros Ojos”, en la que que ya hemos gozado de este actor formidable en El niño 44. Se felicitarán, créanme, de acompañar las vicisitudes en tiempo real de un Ivan Locke interpretado sin atisbo alguno de sobreactuación, transmitiendo con una verosimilitud apabullante la determinación de un hombre de ser fiel a sí mismo, aunque serlo suponga ver derrumbarse su mundo familiar y profesional.

Valentín Terrazas

Jueves 29 de Octubre: SIEMPRE ALICE

El próximo jueves, 29 de octubre, proyectamos en la Casa Municipal de Cultura, dentro de la programación “Cine con Otros Ojos”, “Siempre Alice”, de Richard Glatzer y Wash Westmoreland, en sesiones de 6 y 8:30 de la tarde, con la localidad a 3´50 euros.

         Adjuntamos la sinopsis de la película facilitada por la distribuidora, el comentario de Valentín Terrazas que editaremos como ficha, y una reproducción del cartel.
         Un abrazo, y hasta el jueves.



SINOPSIS DE LA PELICULA:

Alice Howland está orgullosa de la vida que tanto esfuerzo le ha costado construir. A los cincuenta, es profesora de psicología cognitiva en Harvard y una experta lingüista de fama mundial, con un marido exitoso y tres hijos adultos. Cuando empieza a sentirse desorientada, un trágico diagnóstico cambia su vida, al tiempo que su relación con su familia y con el mundo, para siempre. Con elegancia y delicadeza, la autora nos acerca a los sentimientos de quienes padecen alzhéimer y sus familias.









COMENTARIO:

Arenas movedizas
            “Así continuaron viviendo en una realidad escurridiza, momentáneamente capturada por las palabras, pero que había de fugarse sin remedio cuando olvidaran los valores de la letra escrita”Cien años de soledad, Gabriel García Márquez.

El olvido puntual de un nombre, la perplejidad momentánea al no saber para qué se ha entrado en una habitación o abierto un armario… -esos episodios tal vez banales que se suceden en nuestra vida- van cobrando en la de Alice Howland, personaje central de esta admirable película, una mayor frecuencia e intensidad. Determinados sucesos -la desorientación, la repetición mecánica de una misma observación o pregunta…- asoman a Alice primero a la sospecha y pronto a la certidumbre del mal que le corroe. Un neurólogo ratificará su temor: alzhéimer. En su caso, un diagnóstico aún más devastador: alzhéimer de inicio precoz, aquel que afecta al enfermo a una edad inusualmente temprana.
            ¿Cómo enfrentarse al desastre?, ¿cómo hacerlo en cualquier supuesto, incluido -en el caso descrito por el film- el de haber dedicado toda la vida al estudio del lenguaje y la identidad? Julianne Moore -merecido Globo de Oro y Oscar 2015 a la mejor actriz principal por este magistral trabajo- describe su lucha titánica contra un enemigo fatal, invencible, sus esfuerzos para retrasar lo inevitable, la planificación de un último recurso, la pérdida acelerada de autonomía. En resumen, su resistencia a la maldición de comprobar cómo sus recuerdos y su capacidad de expresarse van disolviéndose, triturados por la voracidad implacable de las arenas movedizas. Resulta alentador, y terrible a un tiempo, que la palabra superviviente, cuando todas las demás se han difuminado, sea “amor”.
            La emocionante contención con que Alec Baldwin y Kristen Stewart dan la réplica a la protagonista contribuyen a dibujar con acierto el impacto que la enfermedad produce en el entorno más inmediato de quien la sufre.
            Hay películas que nos ayudan a reconocer nuestra naturaleza, nuestro compromiso respecto a los otros, nos sean o no próximos; esta es una de ellas. La delicadeza con que sus directores, Richard Glatzer y Wash Westmoreland -matrimonio autor de otros títulos intensamente humanistas: El estimulador (2001), Quinceañera (2006) y La última aventura de Robin Hood (2013)-, conducen esta adaptación de la novela de Lisa Genova responde sin duda a las circunstancias que vivían ambos durante el rodaje de Siempre Alice: el agravamiento de la ELA (esclerosis lateral amiotrófica) de Glatzer, fallecido menos de tres semanas después de que Moore recibiera su Oscar.

Valentín Terrazas

 

Jueves 26 de Marzo: SMOKE

El próximo jueves, 26 de marzo, proyectamos en la Casa Municipal de Cultura, dentro de la programación “Cine con Otros Ojos”, “Smoke”, de Wayne Wang, en sesiones de 6 y 8:30 de la tarde, con la localidad a 3´50 euros.

Adjuntamos la sinopsis de la película facilitada por la distribuidora, el comentario de Valentín Terrazas que editaremos como ficha, y una reproducción del cartel.

Un abrazo, y hasta el jueves. Asociación Otrosojos.



SINOPSIS DE LA PELICULA:

Brooklyn, verano de 1987. Algunas personas que frecuentan el estanco de Auggie Wren le confían sus problemas. La rocambolesca historia de cómo consiguió su cámara fotográfica y de por qué se decidió a elaborar su singular colección de fotografías le dará por fin un argumento a Paul Benjamin, un prestigioso novelista que atraviesa una crisis. Por su parte, Paul ayudará a Rashid, un adolescente negro bastante desorientado que busca a su padre.



 
 
 
 
 
 
 
 
 
COMENTARIO :

Cuento de Navidad

Una mañana de noviembre de 1990, Paul Auster recibió la llamada telefónica de un responsable editorial del New York Times, Mike Levitas, pidiéndole que escribiera un relato que sería publicado en su suplemento especial de Navidad. Auster era ya, por entonces, un autor reconocido internacionalmente por títulos como Jugada de presiónEl palacio de la luna La música del azar. El escritor se comprometió a intentarlo y, durante los siguientes días, se atormentó preguntándose cómo podría cumplir el encargo sin construir un texto preñado de sensiblería, una posibilidad que aborrecía.
            Conforme se acercaba la fecha límite para entregar la narración continuaba sin encontrar un argumento. A punto de renunciar se produjo, sin embargo, un hecho aparentemente casual –cualidad tan característica, por otra parte, de su universo literario-: abrió una lata de Schimmelpennicks, sus puritos preferidos, y aquel gesto le llevó a pensar en el estanquero de Brooklyn que se los vendía, y más tarde -conforme a sus propias palabras- “en la clase de encuentros que uno tiene en Nueva York con personas a las que ve todos los días pero que no conoce realmente”. Acababa de vislumbrar el Cuento de Navidad de Auggie Wren. 
            El 25 de diciembre, el director Wayne Wang (El club de la buena estrellaLa caja chinaA cualquier otro lugar…) compraba en el supermercado de su barrio, en San Francisco, el último ejemplar disponible del suplemento navideño; por alguna razón, ese día no le habían buzoneado su suscripción al New York Times. Junto a algunos artículos que preludiaban la Guerra del Golfo, encontró el relato. Leyéndolo, se vio –conforme recordaría más tarde- “rápidamente sumergido en un complejo mundo de realidad y ficción, verdades y mentiras, toma y daca”. Tan pronto como llegó a la última línea, preguntó a su mujer: “¿Quién es Paul Auster?”.
            Cinco meses después, y tras haberse empapado en las obras del autor, Wang le visitó en su estudio de Brooklyn para proponerle hacer una película basada en su cuento. Auster, que admiraba el segundo largometraje del cineasta, Dim Sum, aceptó. Como tantos proyectos fílmicos, aquel empeño iba a resultar accidentado: durante cuatro años, el guión se reescribió una y otra vez, incluyendo nuevos protagonistas y tramas, fallaron algunas espectativas de producción, tanto Wang como Auster hubieron de apartarse periódicamente de su labor común para atender otros compromisos profesionales…
            Y un día, el director pudo dictar su orden: “cámara, acción”. Arrancaba Smoke. Para entonces, había reunido a un puñado de actores inmensos: Harvey Keitel, William Hurt, Stockard Channing, Forest Whitaker, los jóvenes Harold Perrineau Jr. y Ashley Judd… Intérpretes en estado de gracia cruzando los destinos de sus personajes en el estanco de la esquina de la Calle 3ª con la 7ª Avenida, rescatándose de pasados dolorosos, evolucionando empujados por hechos supuestamente fortuitos, regalándose dosis magníficas de ternura y compasión, experimentando una y otra vez la fragilidad de la vida. Mostrándonos la lección de cómo puede redimirse la culpa sometiéndose a la disciplina de fotografiar durante cuatro mil mañanas un mismo paraje que es, sin embargo, siempre diferente. Ofreciéndonos el monólogo impagable con el que Keitel, Auggie Wren en pantalla, narra el cuento de navidad más hermoso del mundo.

Valentín Terrazas
 

Jueves 26 de Junio: PARAÍSO: AMOR

El próximo jueves, 26 de junio,  proyectamos en la Casa Municipal de Cultura, en versión original subtitulada, “Paraíso: amor”, de Ulrich Seidl, en sesiones de 6 y 8´30 de la tarde, con la localidad a 3´50 euros.

Adjuntamos la sinopsis de la película facilitada por la distribuidora, el comentario de Valentín Terrazas que editaremos como ficha, y una reproducción del cartel.

Un abrazo, y hasta el jueves.






SINOPSIS DE LA PELICULA :

En las playas de Kenia llaman “sugar mamás” a las europeas que, a cambio de un poco de amor, aseguran la subsistencia a jóvenes africanos. Teresa, austríaca cincuentona y madre de una adolescente, decide irse de vacaciones a ese paraíso del exotismo. Busca amor, pero pasa de un “beach boy” a otro. 














Todos y todas 


 

Malas noticias para quienes pretenden que la crueldad, el desapego, el egoísmo... corresponden, como principios de comportamiento, a un único género. Ulrich Saild -como Michael Haneke, con quien comparte la nacionalidad austríaca- dibuja, película tras película, un escenario más desolador y, al tiempo, rotundamente más realista: la vocación depredadora se distribuye generosamente entre el conjunto de la especie. Sólo que, si hubiéramos de valorar la aridez de las visiones de uno y otro, convendríamos probablemente en que Saild viene a ser el primo cáustico de Haneke, aunque su aspereza esté teñida en determinadas secuencias de un humor (que no atisbo en el cine de este último) negro como la tinta del calamar. Y sin embargo... Sin embargo cabe descubrir en su obra la utilidad de las terapias de choque; en su caso, la voluntad de reconocer sin ambages los problemas como clave para establecer, o intentar hacerlo, soluciones.

Cuando algo más de dos milenios atrás Plauto apuntaba en su “Comedia de los asnos” la locución “homo homini lupus”, introducía en tan pesimista aseveración una condición esperanzadora, olvidada en buena parte de las ocasiones en que se ha venido reproduciendo: “Lobo es el hombre para el hombre -decía el autor latino-, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro”. Conocer al otro es, después de todo, el objetivo que da sentido al documentalismo, y no es casual que la mitad de la docena de títulos que componen la filmografía de Seild sean documentales, y que esa vocación y estilo netamente documentalistas impregnen también el resto de sus trabajos, entre los que destaca la reciente trilogía “Paraíso” (Paraíso: Amor, 2012; Paraíso: Fe, 2012; y Paraíso: Esperanza, 2013), en la que se encuadra la peripecia de Teresa en las playas de Kenia que hoy traemos a nuestra pantalla.

Teresa, magníficamente interpretada por Margarete Tiesel -con la misma eficacia con que María Hofstatter y Melanie Lenz componen, respectivamente, los papeles protagonistas de Fe y Esperanza-, es una “sugar mama”; esto es, una de las maduras europeas que viajan a Africa en busca de un turismo sexual ya llevado al cine por Laurent Cantet en su Hacia el sur (2005), situada en este caso en el Haití de Baby Doc.

Sólo que -error, y consiguiente horror- nuestra heroína vive durante sus primeras jornadas vacacionales el espejismo de creerse amada, la ilusión de suponer que un extravagante milagro pudiera diluir el rencor profundo, inmisericorde, que han de introducir en los nativos situaciones como las que, con toda eficacia, expone el realizador en sus secuencias iniciales. Y esa ansiedad profunda, ese desasosiego que mueve al personaje -similar al que empuja en Paraíso: Fe a su hermana Anna María a  recorrer Viena en un proselitismo ciego, o a su hija Melanie a mendigar amor en Paraíso: Esperanza-, se convierten más tarde en un oscuro, carnívoro resentimiento. La visión de Ulrich Seild respecto al mercadeo de carne joven es así más existencialista que política. Si en Hacia el sur se deslizaba la envenenada advertencia “No pasará nada. Los turistas nunca mueren”, en Paraíso: Amor la conclusión es aún más desasosegante: “Nunca pasa nada”.

Nunca pasa nada en Kenia, ni en esta Europa retratada a golpe de bisturí en Días perros o en Import/Export, escritas, como el tríptico Paraíso, al unísono por el director austríaco y su esposa, Veronika Franz.

Valentín Terrazas

Jueves 12 de Diciembre: EL SKYLAB



El próximo jueves, 12 de diciembre, proyectamos en la Casa Municipal de Cultura “El Skylab”, de Julie Delpy, en sesiones de 6 y 8´30 de la tarde, con la localidad a 3´50 euros.
Adjuntamos la sinopsis de la película facilitada por la distribuidora, el comentario de Valentín Terrazas que editaremos como ficha, y una reproducción del cartel.

Un abrazo, y hasta el jueves. Asociación Otrosojos.


Dirección: Julie Delpy
Guión: Julie Delpy
Interpretes: Lou Álvarez, Julie Delpy, Eric Elmosnino, Aure Atika, Noémie Lvovsky

Francia , 2011 - 113 min.
Mayores de 7 años





SINOPSIS

Julio de 1979. Albertine, de diez años, y sus familiares se reúnen en una casa de Bretaña para celebrar el cumpleaños de la abuela en un animado fin de semana.
El Skylab es una comedia que abarca la historia de tres generaciones de una familia, y cuyo título hace referencia a la estación espacial de la NASA, que hizo un aterrizaje imprevisto en la tierra y que aterroriza a la madre de Albertine, obsesionada ante la posibilidad de que se estrelle en la costa oeste de Francia. 




A dos horas de teléfono


A dos horas de teléfono. Esta es, conforme me advertía un buen amigo, la distancia mínima a la que cada cual debe situarse de su respectiva familia para posibilitar una relación civilizada con el resto de miembros de su parentela. Parentela que, como dicta la experiencia, nos viene impuesta por los designios definitivamente inescrutables de la fortuna. Un destino frecuentemente avieso que disfruta mezclando a izquierdistas irredentos con devotos de la derecha, a xenófobos con internacionalistas, a beatos con ateos militantes, a frustrados sexuales con coleccionistas de orgasmos, a profesionales prósperos con desempleados de larga duración, a quien disfrutó de la predilección materna con quien nunca pudo superar su complejo de abandono...

Y sin embargo -al modo del nutrido pelotón de abuelas, tíos y tías, cuñados y cuñadas, yernos y nueras, nietos y nietas y primos y primas de toda condición que Julie Delpy presenta en El Skylab, su cuarto largometraje como directora y guionista- tendemos a olvidar la sabia recomendación transcrita en el titular y nos empecinamos en reunirnos esgrimiendo cualquier argumento: las fiestas navideñas o las patronales, el cumpleaños del cabeza de familia o el bautizo del menor de sus descendientes... Y, de pronto, uno se ve deslizándose en una montaña rusa de final impredecible, sumergido en la inquietante certeza de que en cualquier momento puede ver desplomarse sobre la tribu los pesados restos de la estación espacial que da nombre a la película.

Entre tanto, sin que llegue a esfumarse ese desasosiego galáctico, reimos los viejos chistes, observamos con ternura las ocurrencias de los pequeños o de aquellos tan mayores que han comenzado a conducirse de nuevo como niños, revivimos los instantes que nos unieron, escuchamos nítido el eco de una sangre común, sorteamos con mayor o menor acierto aquellos motivos que podrían fracturar para siempre nuestros lazos.
 

De esto -y del temblor y el dolor aparejados al primer enamoramiento, de las cicatrices ideológicas y emocionales que el desmantelamiento colonial produjo en Francia, del ridículo aparatoso con que tiende a comportarse algún adolescente, de las renuncias que acompañan a la propia elección de nuestro camino- habla este último trabajo de Delpy, de quien hace algún tiempo vimos, en esta misma programación, 2 días en París. Como en aquel caso, la realizadora coprotagoniza esta comedia coral, secundada por personajes acertadamente dibujados y muy solventemente interpretados por actores y actrices veteranos (Bernadette Lafont, la abuela cuyo 67 aniversario viene a justificar la reunión familiar en la Bretaña francesa, o Emmanuelle Riva, espléndida en Amor) o noveles (Lou Alvarez como la pequeña y a ratos malévola Albertine, eje de la narración, Léo Michel-Freundlich dando vida al formidable Robert, o Vincent Lacoste construyendo al patético primo Christian). Un apunte nostálgico sobre aquellos motivos que de forma recurrente nos empujan a colgar el teléfono y desandar el camino que nos separa de los nuestros.
Valentín Terrazas

http://www.filmaffinity.com/es/film932939.html 

 
 

Jueves 4 de Abril: MÁTALOS SUAVEMENTE

El próximo jueves, 4 de abril, proyectamos en la Casa Municipal de Cultura “Mátalos suavemente”, de Andrew Dominik, en sesiones de 6 y 8´30 de la tarde, con la localidad a 3´50 euros.

Adjuntamos la sinopsis de la película facilitada por la distribuidora, el comentario de Valentín Terrazas que editaremos como ficha, y una reproducción del cartel.

Un abrazo, y hasta el jueves. Asociación Otrosojos




Dirección:   Andrew Dominik
Guión: Andrew Dominik
Interpretes:  Brad Pitt, Richard Jenkins, James Gandolfini, Ray Liotta

Estados Unidos, 2012 - 104 min. 
Mayores de 16 años






SINOPSIS

La mafia se siente amenazada cuando unos desconocidos asaltan a los asistentes a una partida de póker. Los capos acuden al investigador Jackie Cogan para encontrar a los culpables, responsables de una serie de robos a casinos protegidos por los propios mafiosos. Sin embargo, la misión de Cogan se complica entre indecisos, estafadores de segunda, asesinos cansados... y la situación comienza a degenerar poco a poco.





Algunos pagan 

 

Al contrario de lo observado en la vida pública española, en la mafia norteamericana quien la hace la paga. O, al menos, eso se intenta. El último trabajo de Andrew Dominik -basado en la novela “Cogan´s Trade”, de George V. Higgins- parece apuntar que esa reflexión doméstica podría igualmente aplicarse al universo político-financiero estadounidense.

     Contextualizado en las elecciones presidenciales de 2008, el relato negro de un ejemplar arreglo de cuentas (y entiéndaseme: ejemplar en cuanto destinado a servir de ejemplo, no a servir de ejemplo a la hora de planificar su desarrollo, harto chapucero a ratos) nos asoma a la lógica de un sicario, Jackie Cogan, magníficamente interpretado por Brad Pitt. En sus encuentros, ocasionalmente letales, con el resto de protagonistas (¡qué inmensos James Gandolfini, Richard Jenkins o Ray Liotta, qué fabulosos Scoot McNairy, Ben Mendelsohn o Vincent Curatola, qué lujazo de reparto, qué dirección de actores!), Pitt, eje de Mátalos suavemente, desnuda las reglas del juego: quien la hace, ha de pagarla. Y si no conocemos al responsable, deberemos encontrar un pagano creíble para que las piezas vuelvan a encajar, para que no cunda la sensación (y vuelvo aquí inevitablemente al escenario patrio) de que la impunidad es regla.
    ¿Es la mía una interpretación excesivamente politizada de esta notable película?. Oigamos a su director, el australiano de adopción Dominik -autor también de Chopper (2000) y El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (2007), embarcado ahora en la producción Blonde-: “El personaje de Brad es un sicario que tiene que darle un impulso a la economía matando a los tíos que la llevaron a la quiebra. Parecía que era un reflejo de lo que está pasando en el mundo... Siempre me ha parecido que la razón de la atracción por las películas de asesinos es que tratan sobre el capitalismo. Capitalismo en su forma más directa y expuesta”.
    ¿No es, después de todo, su labor harto similar a la de esos plenamente actuales “hombres de negro”, encargados de disciplinar nuestras economías prestando mayor atención a restablecer resultados que a identificar la autoría real de los estropicios?.
    Mátalos suavemente ofrece,de otro lado, mucho más que una descarnada crítica al estado de las cosas (aunque el contrapunto frecuente de los discursos del candidato Barack Obama parezca inducir lo contrario): permite disfrutar de interpretaciones espléndidas, de escenas de acción construidas con un talento netamente original, de episodios de alta tensión entreverados con otros de una comicidad presuntamente zafia, de diálogos demenciales de corte tarantiniano que contrastan con las apreciaciones netas de nuestro sicario: “América no es un país, sólo es un negocio. Así que paga, hijo de p...”.

Valentín Terrazas